Voy sólo por el tercer día de mi reto. Los primeros días en una dieta estricta son los peores. Como los primeros días sin fumar, sin beber o superando cualquier otra adicción. Las adicciones se convierten en necesidades del cuerpo y por eso cuesta dejarlas. Comer es una necesidad intrínseca, primordial, y el cuerpo inventa todo tipo de métodos para no permitirnos ignorar las calorías que necesitamos. El primero de esos métodos es la ansiedad. Una ansiedad que se traduce en nerviosismo, en no saber qué hacer con el tiempo que ahora te sobra, en querer olvidar todo lo que te has propuesto por comer lo que sea que te apetezca en ese momento.
Lo peor de los primeros días es que conllevan un sobreesfuerzo a cambio de ningún resultado. Al cuerpo aun no le ha dado tiempo de asimilar los cambios, puedes perder como mucho 200 o 300 gramos que ganarías con una manzana de más, no has conseguido nada; y sin embargo son indispensables.
A todo esto se le suman estos días los encuentros, los almuerzos, las reuniones y las fiestas típicas del comienzo del rodaje. Todos ellos con comida que no puedo probar y bebida que no debo beber. El viernes me permitieron dos copas de vino tinto a cambio de no sé ni cuántas cosas que me usurparon de la dieta del día siguiente. Pero dos copas de vino tras un día de hambre representan un colocón considerable. Si le sumamos algo de hachís, que no está prohibido en ninguna dieta, el resultado puede ser acabar a las 7 de la mañana del sábado en el piso de dos desconocidos. Y luego, pasar el resto del fin de semana en la cama, descansando y gastando tiempo para no pensar en comer.
Acabo de salir de la reunión con el director de la película y todos los implicados en el proyecto. Ha sido una mañana complicada y me duele la cabeza. Me han hecho algunas pruebas médicas y de fotografía, me han examinado como a una pieza de carnicería, y han concluído que debo perder un total de 37 kilos.
37 kilos. Empezaré hoy mismo con una dieta estricta muy baja en calorías y en unas dos semanas estaré haciendo ejercicio físico en exceso. En dos meses tengo que haber perdido los primeros 20 o, preferiblemente, 25 kilos y, entonces, empezaremos a rodar. Luego seguiré perdiendo peso más lentamente, me debilitaré bastante y dejaré de hacer ejercicio poco a poco. Al final del rodaje habré perdido 37 kilos, pareceré un esqueleto andante, se me arrugará la cara, se me debilitarán el pelo y las uñas, me dolerá continuamente la cabeza, no tendré apenas fuerza y la gente me echará 10 años más. He preguntado si, por lo menos, tendré un control médico que no permita que me muera. Me han contestado: "claro, mujer, en cuanto te encuentres mal puedes ir al médico de la empresa". Qué alentador.
He aceptado. He aceptado porque soy actriz y este es un reto que emocionaría a cualquiera que se dedique a esto por verdadera vocación, como es mi caso. A pesar de que no sea un proyecto de Hollywood sino el de una ambiciosa productora de Bonn. Debe ser que además de mi amor al arte, necesito el dinero. Y que no tengo otros proyectos como para ponerme a elegir. Y que esto es idóneo para mi personalidad autodestructiva. Y que me apetece ser otra persona, un tiempo. Aunque no sea una persona mejor.
Allá voy. Creo que ya tengo hambre.